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  • Foto del escritorJuan Antonio Chavarria

Camino de Santiago y EL Camino de Costa Rica

En agosto de 2022, se presentó la oportunidad de emprender el Camino de Santiago, trazando mi ruta desde el Camino del Norte hasta el Primitivo, cubriendo una distancia total de 1000 km e incorporando el Camino Lebaniego y Finisterre en mi travesía. Todo esto lo realicé en un mes de caminata. Con el propósito principal de comparar ambas experiencias, esta aventura en solitario marcó mi primera incursión en Europa, siendo guiado únicamente por la aplicación Gronze.


Desde el inicio en el País Vasco, comprendí que me esperaba una aventura muy diferente a la que estamos acostumbrados en Costa Rica. La similitud en la topografía y la necesidad de caminar distancias considerables, usualmente unos 20 km, cargando mi equipaje de unos 10 kilos, me recordaba mi experiencia en el Camino de Costa Rica.


A medida que avanzaba por cientos de kilómetros, albergues y sistemas de reserva, comprendí que aunque la meta era la caminata, había diferencias notables. En Costa Rica nos llamamos peregrinos de la naturaleza, explorando nuevas especies y ecosistemas a lo largo del camino, mientras que en España, aunque escaso en vida silvestre, se respiraba un sentido de espiritualidad distinto.




Otra diferencia importante fue el reto. En el Camino de Costa Rica, cada día es distinto y desafiante. A pesar de que amamos las cuestas, caminar 200 km en terreno llano en Cantabria representó un desafío mental considerable para mí. Sin embargo, mientras me acercaba a Santiago, encontraba más opciones de alojamiento y una mejor infraestructura.


En general, creo que el reto del Camino de Costa Rica sigue siendo más salvaje y rústico, adaptándose a lo básico del camping y lugares donde la comida debe ser transportada durante horas. Además, el contacto directo con los locales es más íntimo en Costa Rica, compartiendo con las familias o los dueños de los alojamientos.


Amé mi experiencia en el Camino de Santiago y aprendí mucho sobre la visión europea de la rusticidad y la hermandad que se forja en el camino. Sin embargo, aquellos que provienen del Camino de Santiago deben prepararse para un desafío físico y mental, lleno de nuevos amigos pero también momentos de reflexión y meditación en medio de la naturaleza.




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